Al menos cinco familias duermen entre las vigas de hormigón y sobre los taludes del puente en la capital puntana. Un reciente video expuso la extrema vulnerabilidad de estas personas, visibilizando un problema de indigencia que continúa creciendo en la ciudad.

Una dolorosa postal de la pobreza sacude a la ciudad de San Luis. El puente Favaloro, una estructura por donde transitan a diario cientos de vecinos y estudiantes, se ha convertido en el único refugio para al menos cinco familias que pasan sus noches a la intemperie.

La dramática situación quedó registrada en un crudo video filmado por el dirigente Daniel Sosa, quien mostró cómo las personas acomodan colchones, frazadas y bolsas con sus escasas pertenencias sobre los taludes y entre las frías vigas de hormigón. Con una mezcla de dolor e ironía, Sosa bautizó el lugar como "Residencial Favaloro", exponiendo la total indigencia en la que se encuentran estos ciudadanos que abandonan el lugar por la madrugada para evitar ser juzgados, pero regresan cada noche al no tener otro sitio adonde ir.

Hace apenas unos días, el pasado 29 de octubre, el lugar había sido noticia por denuncias vecinales sobre acumulación de residuos y malos olores, evidenciando que el espacio estaba siendo utilizado como un baño a cielo abierto. Sin embargo, la realidad de fondo es mucho más profunda: refleja una necesidad extrema y desatendida.

Un problema que se expande

La situación de calle no se limita a este viaducto. Según reportes recientes, el problema se ha extendido a otras zonas de la ciudad, como el Parque Cuarto Centenario, donde también se registra gente durmiendo a la intemperie. Desplazar a estas personas de un sector a otro no representa una solución de fondo, ya que la falta de baños, refugios adecuados y asistencia integral las obliga a seguir ocupando espacios públicos.

Mientras tanto, la asistencia social se encuentra envuelta en un debate jurisdiccional sobre si la responsabilidad recae en el Estado Nacional o en el Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia. En el medio de esta discusión burocrática, familias puntanas enteras continúan sin un plato de comida asegurado y obligadas a dormir sobre el cemento.