En la era libertaria el empleo formal parece destinado a extinguirse, mientras que la informalidad se consolida como una modalidad creciente de contratación. Ingresos y jubilados.

Con salarios que corren por detrás de la inflación y un mercado de trabajo formal que no absorbe las nuevas demandas, crece el empleo precario y se multiplican las «changas». Informes oficiales y privados advierten que la presión laboral excede lo que muestran las estadísticas. El mercado laboral evidencia así una dinámica que combina caída del empleo registrado, expansión de la informalidad y una creciente participación de jubilados en actividades económicas. Los datos más recientes muestran un escenario en el que la creación de trabajo no implica necesariamente mejores condiciones de vida, sino, en muchos casos, apenas una recomposición precaria de ingresos.

Es así que, pese a que la tasa de desempleo abierta se mantiene en niveles relativamente bajos, distintos informes advierten que el deterioro del empleo se expresa en la calidad del trabajo y en la necesidad de amplios sectores de la población de aceptar ocupaciones de baja intensidad y sin derechos.

El crecimiento de la informalidad se convirtió en uno de los rasgos más visibles de la fase libertaria. Según los datos del propio Indec, cuatro de cada diez trabajadores se desempeñan fuera del sistema formal, sin aportes jubilatorios, cobertura de salud ni estabilidad. Esta tendencia se profundizó en el último año y afecta con mayor intensidad a jóvenes, mujeres y adultos mayores. La falta de generación de empleo registrado explica este fenómeno.

Con un sector privado que no logra expandir la demanda de trabajo formal y un Estado que reduce su participación como empleador, el mercado laboral se movió hacia formas más flexibles, pero también más inestables. En paralelo, los ingresos pierden capacidad de compra y obligan a redefinir estrategias familiares. En ese marco, el regreso de jubilados al mercado laboral deja de ser un fenómeno marginal para convertirse en una señal estructural del deterioro de las condiciones previsionales. Lejos de representar una elección, se trata en la mayoría de los casos de una necesidad.