Dulce de leche colombiano
En Colombia, el arequipe ocupa un lugar especial dentro de la gastronomía y forma parte de postres, meriendas y reuniones familiares. Aunque muchos lo conocen como “dulce de leche”, en el país adoptó identidad propia y se convirtió en uno de los sabores más representativos de la cocina colombiana. Entre recetas caseras, celebraciones y tradiciones regionales, el arequipe sigue siendo protagonista en las mesas de distintas generaciones.

El origen del dulce todavía genera debate. Algunas versiones sostienen que nació por accidente en una cocina, mientras que otras lo relacionan con recetas antiguas provenientes del sudeste asiático. También existe una famosa anécdota vinculada a Juan Manuel Rosas y Juan Lavalle en 1829, aunque no hay una certeza definitiva sobre su verdadera historia.

El arequipe y su lugar en la cultura colombiana

La palabra “arequipe” quedó instalada en países como Colombia, Venezuela y Guatemala, posiblemente por la influencia de la ciudad peruana de Arequipa. Con el paso de los años, el término se volvió parte del lenguaje cotidiano y hoy representa mucho más que un simple postre.

Uno de los clásicos más populares son las obleas rellenas con arequipe, habituales en las calles y plazas colombianas. Incluso, durante su visita a Bogotá, Mick Jagger fue fotografiado mientras probaba una de ellas, una imagen que rápidamente se viralizó.

Las versiones regionales y las recetas familiares

En el Valle del Cauca, el tradicional manjar blanco aparece como una variante cercana al arequipe. Allí se prepara en paila y suele combinarse con arroz, brevas y uvas pasas, en una elaboración artesanal que mantiene viva la tradición gastronómica regional.

Además, las brevas con arequipe son infaltables en muchas mesas navideñas y están asociadas a recuerdos familiares y celebraciones de fin de año.

El arequipe también acompaña otros dulces típicos colombianos, como los “matrimonios”, los “bocadillos rellenos” y los “espejuelos”. Su capacidad de adaptarse a distintas recetas y momentos lo convirtió en un símbolo de la tradición y de la identidad gastronómica colombiana.