Según el último informe de CICCRA, los argentinos consumen apenas 47,3 kg por año. Es la cifra más pobre desde el 2004. Los precios por las nubes y los sueldos "congelados" transformaron a la carne en un artículo de lujo para las familias puntanas.
Un cambio de hábito forzado por la crisis
La mesa de los argentinos está sufriendo una transformación histórica, pero no por elección, sino por necesidad. El informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (CICCRA) confirmó lo que se ve en las carnicerías de San Luis todos los días: la gente ya no pide por kilo, pide por lo que tiene en el bolsillo.
Con un consumo per cápita de 47,3 kilogramos, Argentina retrocedió dos décadas en su nivel de alimentación. La estrepitosa caída del poder adquisitivo, sumada a la desregulación de precios que impulsó el Gobierno Nacional, hizo que el tradicional asado de los domingos pase de ser un ritual a un recuerdo lejano para la clase trabajadora.
El podio de las carnes: Pollo y cerdo para estirar el mango
Ante la imposibilidad de pagar los cortes vacunos, el consumo se desplazó hacia alternativas más económicas. El pollo y el cerdo son hoy los que "salvan las papas", pero incluso estos productos han registrado aumentos que superan el ritmo de los salarios.
"La gente pregunta el precio y sigue de largo, o lleva cortes que antes eran para los perros", comentan carniceros locales. El impacto en el sector comercial de la provincia es total: la caída en las ventas obliga a muchos locales a reducir personal o directamente cerrar sus puertas ante la falta de clientes.
La promesa de campaña vs. la heladera vacía
Muchos recuerdan las promesas de "volver a comer asado", pero la realidad de la gestión de Javier Milei muestra un camino inverso. La liberación de las exportaciones de carne, si bien beneficia a los grandes frigoríficos, presiona los precios internos al alza, haciendo que el productor prefiera vender afuera en dólares que al carnicero del barrio en pesos devaluados. El resultado: heladeras vacías y un descontento social que crece al ritmo de la inflación en las góndolas.