En un día como hoy, los hechos pasaron a la historia con el nombre de “El Rosariazo”, una rebelión obrera y estudiantil que marcó un punto de quiebre en el gobierno militar.
Un clima de tensión social
Durante el régimen de Onganía, instaurado tras el golpe de Estado de 1966, se habían eliminado libertades políticas, intervenido universidades y reprimido duramente la protesta social.
La crisis económica, los bajos salarios y la persecución a sindicatos y estudiantes generaron un fuerte malestar en distintos sectores de la sociedad.
En ese contexto, trabajadores y estudiantes comenzaron a organizar huelgas y movilizaciones en distintas provincias del país.
El inicio de las protestas
En Rosario, las primeras manifestaciones surgieron en mayo de 1969, luego de la represión policial que provocó la muerte del estudiante Adolfo Bello. Su muerte generó indignación y derivó en multitudinarias marchas.
Días después, durante nuevas protestas, también murió el joven obrero y estudiante Luis Norberto Blanco, lo que intensificó aún más el conflicto.
La ciudad quedó prácticamente paralizada por huelgas generales, enfrentamientos callejeros y movilizaciones masivas.
El Segundo Rosariazo
En septiembre de 1969 ocurrió el llamado “Segundo Rosariazo”, considerado uno de los mayores levantamientos urbanos contra la dictadura. Sindicatos, obreros industriales, estudiantes y vecinos salieron a las calles y lograron controlar gran parte de la ciudad durante varias horas.
Las fuerzas de seguridad respondieron con una fuerte represión, mientras el Ejército tomó intervención para recuperar el control de Rosario.
Consecuencias políticas
El Rosariazo, junto al histórico Cordobazo, debilitó seriamente al gobierno de Onganía y dejó en evidencia el creciente rechazo popular hacia la dictadura militar.
La presión social y política terminó provocando la salida de Onganía del poder en 1970, abriendo una nueva etapa de inestabilidad política en la Argentina.
Un hecho histórico clave
Más de cinco décadas después, el Rosariazo sigue siendo recordado como un símbolo de resistencia popular, unidad entre trabajadores y estudiantes, y lucha por las libertades democráticas en la Argentina.