La devoción al Santo Cristo de la Quebrada es una de las manifestaciones de fe más importantes de la provincia de San Luis, con orígenes que se remontan al siglo XIX y que, con el paso del tiempo, se consolidó como una tradición profundamente arraigada en la identidad local.
Según la tradición, entre los años 1847 y 1868, un hombre llamado Tomás Alcaraz encontró una pequeña imagen de Cristo crucificado incrustada en el tronco de un algarrobo, en una zona serrana donde hoy se encuentra Villa de la Quebrada. El hallazgo fue interpretado como un hecho milagroso por los pobladores de la época, quienes comenzaron a venerar la imagen.
Con el correr de los años, la noticia se difundió y cada vez más personas se acercaban al lugar para rezar, pedir favores y agradecer promesas cumplidas. Así comenzó a gestarse una tradición religiosa que creció sostenidamente generación tras generación.
En un primer momento, la imagen fue resguardada en una sencilla capilla construida por los vecinos. Sin embargo, el aumento constante de fieles llevó a ampliar las instalaciones hasta conformar el santuario actual, epicentro de esta expresión de fe.
La celebración principal quedó establecida el 3 de mayo, fecha vinculada a la conmemoración de la Cruz en la tradición cristiana. Desde entonces, miles de peregrinos llegan cada año desde distintos puntos del país, muchos de ellos caminando durante largas horas o incluso días, como muestra de sacrificio y devoción.
Hoy, la festividad del Santo Cristo de la Quebrada no solo representa un evento religioso, sino también cultural y social, que mantiene viva una de las tradiciones más significativas de San Luis.