En una decisión sin precedentes para la política federal estadounidense, la administración de Donald Trump ordenó trasladar el cannabis de uso médico de la Lista I a la Lista III. La medida facilita la investigación científica y le otorga un millonario beneficio impositivo a la industria, aunque la droga seguirá siendo ilegal a nivel federal para uso recreativo.
Un cambio de paradigma impulsado por la Casa Blanca
El panorama de la salud y los negocios en Estados Unidos acaba de sufrir un sacudón histórico. El fiscal general interino, Todd Blanche, firmó la orden ejecutiva que reclasifica la marihuana medicinal, sacándola de la restrictiva Lista I (donde compartía categoría con drogas como la heroína) para ubicarla en la Lista III de la Ley de Sustancias Controladas, reconociendo oficialmente que tiene un potencial moderado a bajo de dependencia física y psicológica.
"Este Departamento de Justicia está cumpliendo con su promesa de mejorar la atención médica estadounidense. Esta acción de reprogramación permite investigar la seguridad y eficacia de esta sustancia, lo que en última instancia brindará a los pacientes una mejor atención", afirmó Blanche tras firmar el documento.
Alivio para la ciencia y un guiño a la industria
Hasta ahora, las empresas que cultivaban y distribuían cannabis medicinal de forma legal en sus estados no podían deducir gastos comerciales en sus impuestos federales debido a la antigua clasificación. Con este cambio impulsado por Trump, la industria recibe lo que muchos catalogan como un alivio fiscal multimillonario. Además, los científicos y laboratorios ya no enfrentarán trabas burocráticas extremas para investigar los beneficios médicos de la planta.
Michael Bronstein, presidente de la Asociación Comercial Estadounidense para el Cannabis y el Cáñamo, celebró la medida asegurando que es "el avance federal más significativo en la política de cannabis en más de 50 años".
Las críticas y los límites de la medida
Pese a la euforia del sector médico y empresarial, la medida tiene detractores. Opositores a la legalización criticaron la decisión asegurando que es "una exención de impuestos para la Gran Marihuana (Big Weed)" impulsada por intereses corporativos.
Cabe destacar un punto fundamental: la marihuana sigue siendo ilegal a nivel federal en Estados Unidos. La orden de Trump legitima exclusivamente los programas de marihuana medicinal con licencia estatal. Aquel cannabis que no se distribuya a través de estos canales médicos oficiales continuará siendo considerado una sustancia de Lista I ante los ojos del gobierno federal.