El mercado de productos destinados a “desintoxicar” o “limpiar” el hígado crece cada año. Cápsulas con antioxidantes, fibras, extractos vegetales y compuestos de origen natural suelen promocionarse como soluciones rápidas frente al hígado graso. Sin embargo, nuevas investigaciones científicas señalan que algunos de estos preparados no solo carecen de respaldo sólido, sino que incluso podrían agravar el problema en determinados casos.

La enfermedad hepática grasa no alcohólica —conocida internacionalmente como MASLD por sus siglas en inglés— se convirtió en una de las alteraciones metabólicas más frecuentes del mundo. Ocurre cuando el hígado acumula grasa en exceso y suele asociarse con obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión y sedentarismo.

Según datos citados por la Edith Cowan University y publicados en la revista Molecular Nutrition & Food Research, esta condición afecta aproximadamente al 38 % de los adultos. Aunque muchas personas pueden pasar años sin síntomas evidentes, el cuadro puede avanzar hacia inflamación crónica, fibrosis —la formación de cicatrices en el tejido hepático— e incluso insuficiencia hepática.

Frente a este escenario, distintos grupos científicos analizaron el impacto de alimentos, vitaminas y preparados nutricionales sobre la salud del hígado. Tanto la Edith Cowan University como la Mayo Clinic, coinciden en un punto central: no existe una cápsula capaz de revertir por sí sola esta afección.

Qué es el hígado graso y cómo afecta al organismo

El hígado participa en funciones esenciales para el cuerpo. Interviene en el metabolismo de grasas y azúcares, ayuda a eliminar sustancias tóxicas y produce proteínas necesarias para múltiples procesos biológicos.

Cuando las células hepáticas comienzan a almacenar demasiada grasa, el órgano pierde eficiencia. En fases iniciales puede no generar molestias, pero con el tiempo pueden aparecer inflamación persistente y lesiones permanentes.

Cuando las células hepáticas comienzan a almacenar demasiada grasa, el órgano pierde eficiencia. En fases iniciales puede no generar molestias, pero con el tiempo pueden aparecer inflamación persistente y lesiones permanentes.

Los especialistas relacionan este problema principalmente con la llamada “dieta occidental”, caracterizada por exceso de azúcar, ultraprocesados y grasas animales, además de bajos niveles de actividad física.

Pese al crecimiento global de esta afección, todavía no existe una terapia farmacológica universalmente eficaz. Esa falta de soluciones rápidas explica, en parte, el auge de productos comercializados como alternativas “naturales”. El inconveniente, advierten los expertos, es que natural no siempre equivale a inocuo.

Evidencia sobre antioxidantes y fibras: resultados experimentales

Uno de los compuestos evaluados fue el ácido elágico, un antioxidante presente en granadas, uvas, arándanos y nueces. El equipo liderado por la profesora Lois Balmer analizó sus efectos en ratones alimentados con una dieta rica en grasas y azúcares, utilizada para reproducir alteraciones similares al hígado graso humano.

De acuerdo con los resultados, el compuesto logró disminuir inflamación, acumulación de grasa y algunos indicadores vinculados con daño hepático. Los autores atribuyen esos efectos a sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.

Los antioxidantes son sustancias capaces de neutralizar radicales libres, moléculas inestables asociadas con envejecimiento celular y procesos inflamatorios.

Balmer señaló que el ácido elágico representa una posibilidad interesante para futuras investigaciones relacionadas con enfermedades metabólicas crónicas. Aun así, los investigadores aclararon que los hallazgos provienen de estudios en animales y todavía no permiten recomendar intervenciones clínicas en personas.