El Millonario ganó 2-1 ante Carabobo en Venezuela con un final para el infarto. Santiago Beltrán fue expulsado, no quedaban cambios y el defensor uruguayo tuvo que ponerse los guantes. En la última jugada, Maxi Salas le dio el triunfo heroico al equipo.

Una noche que tuvo absolutamente de todo

River Plate volvió a protagonizar uno de esos partidos que quedan en el recuerdo de los hinchas y en los libros de anécdotas coperas. Por la cuarta fecha del Grupo H de la Copa Sudamericana 2026, el equipo dirigido por Eduardo "Chacho" Coudet superó por 2 a 1 a Carabobo en Venezuela, en un duelo que pasó de la tranquilidad al caos absoluto en cuestión de minutos.

El Millonario se había puesto en ventaja de arranque gracias a un cabezazo de Maximiliano Meza, pero a lo largo del partido desperdició varias chances claras de liquidarlo, incluyendo un penal que el arquero local, Lucas Bruera, le atajó a Juan Fernando Quintero. Ya en el complemento, el equipo venezolano encontró aire y logró llegar al empate a los 77 minutos a través de un penal ejecutado por Matías Núñez.

La insólita racha: de jugador de campo a arquero

Sin embargo, el momento de mayor tensión en el Polideportivo Misael Delgado llegó a los 84 minutos. Tras un contragolpe rápido de Carabobo, el joven arquero millonario, Santiago Beltrán, salió lejos a cortar, cometió una dura falta y, tras la revisión en el VAR, el árbitro decidió mostrarle la tarjeta roja.

Como el "Chacho" Coudet ya había agotado las cinco modificaciones reglamentarias, alguien tenía que ocupar el arco sí o sí. Fue entonces cuando el defensor uruguayo Matías Viña no lo dudó, se calzó los guantes y el buzo sin número para defender los tres palos en los minutos finales.

Con este suceso, River extiende una increíble y particular racha histórica de jugadores de campo que terminan atajando en partidos oficiales, sumando ahora el nombre de Viña a una icónica lista que ya integraban Enzo Pérez (en aquella imborrable noche de Libertadores 2021 ante Independiente Santa Fe) y Martín Demichelis (ante Racing en el Clausura 2002), entre otros apellidos que supieron ponerse el buzo de emergencia.

El milagro en la última jugada

Con un hombre menos, un lateral izquierdo improvisado como arquero y sufriendo los embates del equipo local, el empate parecía un negocio cerrado y definitivo. Pero la mística copera tenía un capítulo más guardado. A los 96 minutos, en el último suspiro de los seis que se habían adicionado, Maximiliano Salas capturó un despeje largo, aprovechó el adelantamiento de la defensa rival y definió con una soberbia emboquillada por arriba del arquero para desatar la locura total.

Con este triunfazo de película, River alcanza los 10 puntos, se afianza como único líder de su zona y pone un pie en los octavos de final del certamen continental, cerrando una jornada que quedará en la historia por su insólito desarrollo.