De acuerdo a los datos relevados, se eliminaron subsidios a la electricidad para aproximadamente 2,1 millones de hogares, mientras que en el caso del gas natural la quita alcanzó a casi 900.000 usuarios.
Esta medida forma parte de una política más amplia de ajuste del gasto estatal en energía, uno de los rubros históricamente más costosos para las cuentas públicas.
Fuerte reducción del gasto en subsidios
El recorte tuvo un impacto considerable en las finanzas del Estado.
En los últimos dos años y medio, el gasto en subsidios energéticos se redujo en más de 5.600 millones de dólares, pasando de representar el 1,4% del Producto Bruto Interno (PBI) al 0,6% actual.
El objetivo oficial es profundizar esta tendencia y llevar ese número al 0,5% del PBI en 2026, consolidando así un esquema de tarifas más alineado con los costos reales del sistema energético.
Cambio en la estructura de costos
Uno de los cambios más relevantes es el traslado del peso del financiamiento desde el Estado hacia los usuarios.
Actualmente, los hogares cubren cerca del 70% del costo real de la energía, cuando años atrás ese porcentaje era apenas del 30%, con el resto subsidiado por el Estado.
Este giro implica, en términos prácticos, tarifas más altas para los consumidores, especialmente para aquellos sectores que dejaron de recibir asistencia estatal.
Un sistema históricamente subsidiado
El informe también pone en contexto la magnitud del esquema anterior.
Entre 2003 y 2023, el Estado argentino destinó más de 150.000 millones de dólares para mantener las tarifas de luz y gas por debajo de los costos reales de producción y distribución.
Ese modelo permitió durante años sostener precios accesibles, pero generó un fuerte impacto fiscal que distintos gobiernos intentaron corregir con mayor o menor intensidad.
Impacto social y debate abierto
La quita de subsidios reabre el debate sobre el equilibrio entre sustentabilidad fiscal y acceso a servicios básicos.
Mientras el Gobierno sostiene que la medida es necesaria para ordenar la economía, distintos sectores advierten sobre el impacto en el poder adquisitivo de los hogares, especialmente en un contexto de alta inflación.
El desafío hacia adelante será encontrar un esquema que combine eficiencia económica con protección social, en un área clave para la vida cotidiana y el desarrollo productivo del país.