La llegada de la provincia a la edición 50 de la Feria tuvo, de arranque, una noticia que debería preocupar a las autoridades literarias de la provincia, con la jefa de San Luis Libro, Liliana Pairone, a la cabeza. La Cámara Argentina del Libro informó que San Luis es una de las ocho provincias que menos actividad editorial tuvo durante el año pasado.

se desorientado camino literario se confirmó con el arribo de San Luis a la feria internacional. Compartido el stand con San Juan y Mendoza, la provincia se sometió, nuevamente, a los designios del Concejo Federal de Inversiones para tener presencia en Buenos Aires. El Gobierno anunció 30 presentaciones de libros con predominancia de investigaciones sociales y ensayos.

 El primer avistamiento del fin de semana inaugural determinó que el apartado puntano estuvo lejos de ser visitado masivamente por un público que, ante la desmesurada oferta de la feria, pasa de largo el stand puntano pese a los esfuerzos de un puñado de empleados por retenerlo. Con ese panorama, era de esperar que las primeras presentaciones de libros –algunos de muy buena calidad como “Modo calle”, un ensayo fotográfico describe la ciudad con poderosas imágenes- no reunieran más que un puñado de espectadores que estuvieron más por compromiso que por una campaña de difusión efectiva.

El ensayo de la ceguera que tienen los organismos de difusión oficial del gobierno hablan descaradamente en sus títulos de una buena convocatoria pero no han podido todavía publicar una sola foto en donde se vea un marco de público siquiera aceptable. Se sabe, pese a que la feria es literaria, que una imagen vale más que mil palabras.

 La escasa convocatoria no hizo más que aumentar el malestar que los autores puntanos tenían con San Luis Libro, en su mayoría por la poca claridad que tuvo la convocatoria con la que, unas semanas antes de la feria, el organismo literario de la provincia pretendió abrir las puertas de la feria a los escritores de la provincia.

ue publicó su obra por San Luis Libro, se postuló para estar en la feria y no fue seleccionado por las autoridades. El enojo del autor se cimentó en que nunca le comunicaron que no iba a ser parte de la delegación –se supone que tampoco lo hicieron con los otros descartados- y en que consideraba una incongruencia que entre las poquísimas publicaciones de SLL estuviera la suya y no fuera llevada a la feria.

 La consecuencia del enfurecido autor fue tal que debió ser programado en la feria de apuro, obviamente sin la difusión correspondiente.

Cada uno de los diez miembros jerárquicos del Ministerio de Turismo y Cultura de San Luis que está en la feria pasará los veinte días en Buenos Aires, seguramente deslomándose por el quehacer literario de la provincia. Cobrará por eso casi 5 millones de pesos extras. A los empleados le pagan la misma cantidad, pero les permitieron estar solo diez días, por los que dividieron en dos grupos.

 Y a eso se le suman algunas condiciones llamativas a las que deben acceder sobre todos los funcionarios con alto perfil en las redes, como la prohibición de publicar las fotos que se sacan en espacios que no son los de la feria.